Recontra tempestad en los Andes


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Recontra tempestad en los Andes es una narración serializada que parte de la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si el racismo y hostilidad que manifestó Lima hacia las provincias tomara un rumbo político?


Advertencia: Todos los personajes y acontecimientos en Recontra tempestad en los Andes -incluso aquellos basados en personas reales- son completamente ficticios. El blog contiene lenguaje grosero y debido a su contenido no debería ser leído por nadie.

martes, 12 de abril de 2011

3. Puno, 5 de junio

(Fuente: Vergüenza Democrática. http://www.facebook.com/VerguenzaDemocratica)

Las celebraciones se enfriaron un poco con el primer anuncio de la ONPE. No solo el flash, sino las proyecciones de las encuestadoras le habían dado un “colchón” relativamente cómodo al comandante. La cara de Jeison Gilmar Cueva Apaza revelaba preocupación. “Fraude, fraude”, empezó a oír entre el público presente al frente del local de campaña de Vence Perú. Unos quince minutos después, un dirigente local se dirigió a ellos, explicándoles que esos resultados en toda probabilidad correspondían a Lima, dado que era ahí donde la ONPE procesaba las actas. Jeison, junto con todos los demás, pifió fuertemente cuando se pronunció el nombre de la capital. Desde la primera ronda electoral del 10 de abril, los limeños habían manifestado muy públicamente el poco aprecio que sentían por los “serranos”. Poco aprecio se queda chico, pensó. Odio, desprecio, asco, serían más precisos.

Tiene sentido, reflexionó, al volver a ver los primeros resultados. Los limeños estaban dispuestos a todo por preservar su sacrosanto “modelo”. Un modelo que no solo se aplicaba a sí mismos, sino al resto del país, lo cual causaba una tensión irresoluble. Esos hijos de puta nos tratan como si fuéramos su colonia, y que cada cinco años si no votamos por el presidente que ellos quieren, entonces somos unos ignorantes. Si tan solo hubiera una manera de que dejaran de joder.

Siguió renegando con sus correligionarios en la plaza, mientras esperaban el conteo oficial de las diez de la noche. El sentido común indicaba que las cifras debían irse acercando a los conteos rápidos que daban por ganador al comandante. Al llegar la hora, el barullo bajó significativamente, para poder oír los resultados. Instantes después, Jeison fue uno de los primeros en gritar “¡Fraude!” a voz en cuello, seguido por toda la masa.

Las cifras seguían estables, con “la china” adelante.

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Por ejemplo "Yo recuerdo ese día, a las 9 de la noche en el Regatas se armó un tonazo." podría devenir a que en la narración ello ocurra.