
Diego Alonso terminó su llamada mientras manejaba su camioneta. Volvió a mirar a María Alejandra y notó que su silencio no se debía solamente a la larga cháchara por celular que acababa de terminar, sino a una incomodidad más profunda. “Male, hemos hecho lo correcto. ¿Tenía algún sentido arruinarle la vida a los hijos de los Zimmerman? Mira que el mayor está por entrar a la universidad.” En realidad sentía que habían hecho bastante más de lo que se requería. A estas cosas debía simplemente echársele tierrita, a su parecer. Fue por insistencia de María Alejandra que habían averiguado quiénes le habían propinado la golpiza a la hija de la empleada.
“No sé, Gordis, tú no has visto a la chiquita. Se ensañaron con ella”, le respondió su esposa, sin mirarlo directamente. Sonaba a un ligero reproche.
“Male, los moretones se sanan y desaparecen. Y ni vuelvas a mencionar lo de los cortes, que fueron en el cuero cabelludo y esos sangran bastante, pero no son serios. Además, la cicatriz va a estar tapada por el pelo. Esa gente tiene pelo bien grueso, así que ni se va a ver. No hay daño permanente.” Pausó para ver su reacción. Nada. Puta madre. Tanto roche por esta huevada. “Un antecedente policial, en cambio, sí es permanente. ¿Le ibas a hacer eso a los hijos de los Zimmerman? No pues, ni cagando. Ellos ya se están haciendo cargo de los gastos, así que ¿para qué hacerse más problemas? Si ni siquiera vas a tener que cocinar mientras que la empleada lleva a la chibola a las citas médicas, si nos han ofrecido a su cocinera.”
No hubo respuesta. Desistió. Esas reuniones con la gente de la caridad de la Iglesia la habían hecho medio comunista a veces. Ni modo. Prendió la radio para oír las noticias.
“…rechazó la legitimidad del conteo de la ONPE, que va en 95%, y ha mandado una propuesta a su Consejo Regional para atribuirse poderes constituyentes regionales. Se espera que la propuesta sea aprobada rápidamente…” Diego Alonso siguió oyendo las noticias, empeorándosele progresivamente un humor que ya estaba erizado. “Puta madre, esos serranos de mierda no dejan de joder. ¡Puno! ¿Qué chucha es Puno? Si quieren declararse autónomos y “redistribuir” sus llamas y totoras de mierda, por mí que lo hagan. Ojalá que así esos auquénidos dejen de andar llorando y reclamando que papá gobierno haga todo por ellos. ¡Trabajen, carajo!”
Terminado su discurso, María Alejandra volteó la cara y lo miró. “Sí pues, Gordis, en eso tienes razón”. Lógico, pues. ¿Qué persona inteligente podría pensar de otra manera? Sonrieron un poco, dejando atrás el asunto de la chibola.
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Por ejemplo "Yo recuerdo ese día, a las 9 de la noche en el Regatas se armó un tonazo." podría devenir a que en la narración ello ocurra.