Recontra tempestad en los Andes


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Recontra tempestad en los Andes es una narración serializada que parte de la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si el racismo y hostilidad que manifestó Lima hacia las provincias tomara un rumbo político?


Advertencia: Todos los personajes y acontecimientos en Recontra tempestad en los Andes -incluso aquellos basados en personas reales- son completamente ficticios. El blog contiene lenguaje grosero y debido a su contenido no debería ser leído por nadie.

jueves, 14 de abril de 2011

6. Lima, 8 de junio


Euforia volvió a revisar el tres leches en el horno. Miró el reloj para ver que no se le esté pasando el tiempo. Estudió las agujas detenidamente. Algo no cuadraba, y no tenía nada que ver con el postre. Su hija, Britnei Cristhina ya debería haber llegado del colegio.

Quince minutos después, sacaba la torta del horno. Si algo había aprendido trabajando con la familia García-Calerón – Graña, era hacer postres. La señora María Alejandra sabía hacer todo tipo de deliciosos potajes, y había sido muy buena al enseñarle. Euforia había intentado devolverle el favor mostrándole cómo cocinar guisos, sopas y platos diversos, pero sin éxito. A la señora le gustaba hacer postres, mas no cocinar. Es que es muy delicada, pensó.

Los golpes en la puerta de servicio la sobresaltaron. Siempre le había enseñado a Britnei Cristhina a tocar suavecito, como para no perturbar la siesta de la señora. Esta vez, sin embargo, el sonido revelaba una urgencia desesperada. Algo andaba mal.

Después de correr a la puerta y abrirla, Euforia soltó una exclamación de sorpresa y horror. Delante de ella estaba Britnei Cristhina, cubierta de sangre y amoratada. Al ver a su madre rompió a llorar, un llanto que evidentemente no era el primero del día.

“¡Mi hijita! ¿Qué te han hecho?” le preguntó exaltada, mientras la traía a la cocina para lavarle la sangre y evaluar la gravedad de sus heridas. El llanto embargaba a su hija, quien simplemente no podía contestar. “¿Qué te ha pasado?” le insistió una y otra vez. Un carro le ha atropellado. O me la han asaltado. ¡Ay, Dios mío!

Tal fue el barullo que a la cocina llegó, somnolienta, la señora María Alejandra. “¡Ay! ¿Pero qué le ha pasado a la niña?”, preguntó angustiada. Euforia tampoco tenía respuesta. La señora se acercó donde Britnei y la calmó, de manera que su llanto se redujo a sollozos. Tan buena, la señora, parece un ángel. “Ahora sí, Britnei, cuéntanos qué te pasó.”

Para ese momento, Euforia le había sacado la rasgada casaca con la que se abrigaba, revelando algo que le habían escrito en su polito. Euforia abrió la boca en asombro, así como la señora. Al darse cuenta de ello, Britnei empezó a llorar nuevamente. Por un momento Euforia pensó que podría ser de vergüenza, en vez de dolor o trauma.

En su polo estaba escrito en plumón negro, “serrana”.

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Por ejemplo "Yo recuerdo ese día, a las 9 de la noche en el Regatas se armó un tonazo." podría devenir a que en la narración ello ocurra.