
(Fuente: Vergüenza Democrática http://www.facebook.com/VerguenzaDemocratica)
Todo empezó de manera tan –en apariencia– inocua. Una cutra más, después de tantas, no debía cambiar nada. “No me gustan estas proyecciones”, dijo el Gordo después de bajar las hojas donde estaban impresas las cifras de la mayoría de las encuestadoras. Recogió la que había separado. “Lo que me gustaría es que la realidad se parezca a esta, la de la siempre confiable SÍDICE. Recuerda lo que siempre he dicho: ‘no podré decidir quién sale presidente, pero sí quien no saldrá’”. El tío George levantó las cejas. “Bueno, si das la orden, podemos–”. “No, nada de órdenes”, le interrumpió el Gordo, “Yo no me debo enterar de nada, ¿entendido?”. El tío George entendió muy bien. Se retiró del despacho presidencial, cogió un celular y empezó a hacer llamadas. Esta vez la maquinaria no fallaría.
A ninguno de los dos se les ocurrió que aquella inocente conversación del 4 de junio de 2011 sería el inicio del pleito en que nos encontramos.
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Por ejemplo "Yo recuerdo ese día, a las 9 de la noche en el Regatas se armó un tonazo." podría devenir a que en la narración ello ocurra.