
(Fuente: Vergüenza Democrática http://www.facebook.com/VerguenzaDemocratica)
Tadeo Chuquipoma Allauca terminó de leer el periódico en voz alta para los dos señores en la plaza de Tinta. Estando en sus veintipocos, sabía leer, cosa que la mitad de la población de más de cuarenta años en Tinta no podía hacer. Sus mayores intercambiaron miradas de aprobación. “Ya era hora de que alguien lo haga”, dijo Gregorio. “Quizás así sí nos hagan caso”, repuso Nepomuceno, añadiendo “Tadeillo, ¿qué opinas?”
Eran noticias portentosas. Puno prácticamente estaba amenazando con rebelarse si es que no se hacía una investigación inmediata a las alegaciones de fraude que habían denunciado los observadores internacionales. “No sé…”, empezó. “¿Qué puede hacer Puno solo contra Lima?” Ocasionalmente, una ciudad grande como Arequipa había podido hacer retroceder al gobierno central, pero era dudoso que Puno pudiera recrear dicho éxito.
“Tadeillo, es que si Puno se rebela, todo el sur también, pues. Todos estaremos unidos”, contestó Gregorio. “Es vergüenza que Cuzco no lo haya hecho primero”, se quejó Nepomuceno. “Somos la capital de los Incas, y ahora esperamos a Puno. Pero si el gobierno regional no apoya a Puno, Tinta saldrá a protestar. Somos la tierra de Túpac Amaru II.” Gregorio no se quedó atrás, “Mi bisabuelo peleó en las huestes de Túpac Amaru, ¿sabías?”
Tadeo hizo los cálculos rápidamente. El señor Gregorio era un hombre mayor, quizá de sesenta o setenta años. Sumando cuatro generaciones… no, no había forma. De todos modos, poco importaba, y tampoco tenía sentido ponerse a discutir con él. Los señores siguieron discutiendo un poco más, y después se despidieron de Tadeo, agradeciéndole por el favor hecho.
Sentado en la banca de la plaza, el joven dobló el periódico y se quedó mirando el rústico busto de Túpac Amaru II que adornaba la descuidada plazuela del aun más misérrimo distrito. Su abuelo le había contado que después de que los mistis descuartizaran al cacique rebelde, habían dispersado sus miembros por las cuatro esquinas del Perú y que desde entonces estas estaban arrastrándose por el inframundo para reunirse con su cabeza. Cuando lo hicieran, el Inca despertaría para echar abajo la explotación y abuso.
Hacía algunos años, cuando tenía esperanzas de ir a la universidad, Tadeo había rechazado tales historias como supercherías provinciales. Las cosas no habían salido como había planeado, y ahora seguía en Tinta, condenado a romperse el lomo y a vivir en la misma miseria que su padre, y su abuelo, y bisabuelo, y así sucesivamente. Ocasionalmente veía fotos de Lima en los periódicos y se preguntaba cómo sería vivir entre tanta modernidad y opulencia. Otras veces, se preguntaba por qué en Tinta no había ni desagüe.
Volvió a mirar a Túpac Amaru. ¿Quién sabe?
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Por ejemplo "Yo recuerdo ese día, a las 9 de la noche en el Regatas se armó un tonazo." podría devenir a que en la narración ello ocurra.